vendredi 14 septembre 2012

Lana & Brandis


Al paso por Cermes, no nos tropezamos al zorro que distingue su escudo. Tanto mejor. Y seguimos en busca de Lana, que en lugar de zorro, su blasón presenta un león rojo sobre una cruz teutónica negra. Lana queda en el recuerdo como un pueblito de final de mañana, tranquilo, desolado, atravesado por un curso de agua empedrado y el Adige a escasos kilómetros. En una capilla a un lado de la ruta descubrimos a San Vigil. Como telón de fondo de Lana, el macizo alpino. La iglesia punteando al cielo, los campanarios tristes, las contraventanas entreabiertas, frescos pintados sobre sus fachadas. Lana apenas queda en el recuerdo. La Vía Pascolo nos llevó en subida hasta Brandis. En estos parajes italianos, el noventa por ciento de sus habitantes es de lengua maternal alemana, lo que me impide pronunciar Schnatterpeck correctamente, el nombre que remplaza a Pascolo. Saliendo de Brandis, otra cuesta, y luego la ruta en descenso nos hace pedalear por una región frutícola donde nos regalamos un almuerzo a base de manzanas. Por estos lares, las capillas al borde del camino no faltan, como no faltan los timbiriches que venden, además de manzanas, uvas, ciruelas, cerezas y peras. ©VCAweg2012

Meran / Merano (Marlengo y Cermes)


Siguiendo la lógica rutera, de Lagundo teníamos que buscar la calzada original, una strada, un camino, una carretera, un sendero, cualquier vía que nos encaminara a Marlengo, buscando la manera de evitar la travesía de Merano. Y como el que no quiere caldo, tres tazas!, entramos en la ciudad. Claro que podíamos evitar Merano y contornearla, pero la señalización con la bicicleta verde estaba allí, y las tres flechas indicaban pa’lante! La verdad es que todavía no sabemos cuántas vueltas dimos para vernos pedaleando por la Via Carducci, una elegante calle con imponentes edificios e impresionantes villas marcadas por un pasado de estilos arquitectónicos donde se mezclan el neoclásico con el Art Nouveau y Art Déco. El torrentoso río Passirio atraviesa Merano del nordeste al suroeste, nace en los Alpes y vierte sus aguas en el Adige, que solo contorna la ciudad. Merano está enclavada en el valle eminentemente agrícola, pero su economía ancestral siempre ha sido el turismo termal. Cuando pasamos frente a la iglesia parroquial Santa Maria Assunta ya estábamos casi en la buena dirección, cruzamos el Passirio y rodamos buscando  el Adige que era el mejor punto de referencia. Así fue como dejamos Merano y finalmente llegamos a Marlengo, que en realidad hacía parte del trampolín, que junto a Cermes, nos permitía llegar a Lana. Marlengo está situado en un valón a 363 m de altura. Pedalear era un paseo, y el aire fresco de la región invitaban a no detenernos. ©VCAweg2012

Tel, Foresta & Algund / Lagundo



Nos mantenemos a la izquierda del Adige, la pista parece acabada de terminar, de una calidad excepcional, y sin posibilidad de extravíos. Otra pequeña estación ferroviaria para un sitio de tres letras: Tel. Tel está rodeada de manzanares, en la llanura del valle y en los flancos que lo rodean. Al llegar a la hidroeléctrica de Tel nos vimos obligados a revisar nuestro itinerario, pues a partir de allí había que elegir entre pedalear por la carretera vieja (Strada Vecchia) o por la carretera del Passo dello Stelvio. Un recuerdo isleño me vino a la memoria, aquella ruta 13 que hacía el recorrido entre el Parque de la Fraternidad y la terminal de La Fortuna. Man, la 13! Le grité al lugarteniente Wakim que iba a buena distancia delante de mi. Entre nosotros se había interpuesto un bus de la línea 13 que enlaza Parcines con Merano. Para llegar a Lagundo, no había necesidad de pasar por Parcines, de manera que enrumbamos por el Passo dello Stelvio. La zona es rica en senderos balizados donde comparten camino, excursionistas y bicicleteros. Cuestas y bajadas entre viñedos es el panorama que vivimos durante la media mañana, y a tan solo cinco kilómetros y medio de la periferia de Merano. Al borde de la carretera, otro Cristo en su capilla caminera, y me llamó la atención que sus manos, además de clavadas a la cruz, sostenían sendas puchas de frutos rojos. Del Passo bifurcamos a la Via Birreria, y que sorpresa aquella la de pedalear entre cervecerías, y qué tristeza, dejar la cerveza para el final de la tarde!.  A la altura de Foresta, varios castillos se levantan entre campos cuidadosamente cultivados. Ni idea de cómo llegamos y en qué momento salimos de Lagundo. ©VCAweg2012

La Danza Funebre di Plaus (Plaus & Rablà))




Pausa, ni macabra, ni fúnebre. Plaus es la primera parada después de haber dejado Naturno. Una banda roja y tres águilas componen el escudo de la comuna. En los muros del cementerio adosado a la iglesia parroquial de San Ulrico, el artista venostano Luis Stefan Stecher, ha pintado y despintado con seductores colores a la muerte. Once escenas representan la muerte a través de la mentalidad rural, la historia, el deseo de vivir y los peligros mortales del mundo en que nos movemos. No hay ni horarios ni puertas, la muerte está allí, inmóvil, esperando la visita de los vivos. El camino hoy se torna interesante. Ha comenzado con una guadaña cultural, sin cuervos aleteando en la soledad de un cementerio.
Seis minutos después, en el mismo camino, una escultura industrial aparece a la vista. El camino se envuelve de iniciativas culturales, con el “percorso della tecnica”, que sostienen las empresas de la comuna. Del otro lado del Adige, la Stazione di Rablà. La estación de trenes, como en Plaus, pegada al río. Un tren regional se detiene, bajan y suben pasajeros. El techo de los vagones está pintado a rayas multicolores y las manchas blancas imitan los picos alpinos nevados. Como me apasionan los trenes y las estaciones, disfruto la cortísima pausa en Rablà. La disciplina impone sus reglas cuando de pedalear se trata. Seguimos adelante. ©VCAweg2012

Départ de Naturno


La cena naturniana acabó cuando ya las estrellas titilaban en el techo infinito. El camino entre el restaurant y la pensión fue como cada noche, un resumen de la jornada dando pedal. Desde que comenzamos a rodar en la mañana, hasta que aparcamos las bicicletas en el patio de la pensión, habíamos contabilizado 75,76 kms, cantidad necesaria para caer como plomo sobre la cama, y sin necesidad de un sonnífero por minúsculo que fuera. No obstante, cuando puse la cabeza sobre la almohada, se me agolparon juntos los carteles que anunciaban Sand, Ciardes, Colsano y Castelbello, y todo por la rueda dentada color rojo que aparece en cada una de las vallas. La rueda dentada se puso en movimiento y yo caí en un profundo sueño, inalterable, plano y duradero hasta las siete de la mañana, cuando ya el sol comenzaba a iluminar los montes. Divisé el bulbo rojo que corona el campanario blanco de St. Zeno, y Naturno me pareció como un lugar perdido del que me costaría trabajo escapar. Y no por el copioso desayuno de la pensión, que tomamos con deleite. Desperté completamente de ese mal sueño de vallas anunciadoras y se puso en marcha otra nueva etapa por la calzada romana. Los Alpes comenzaban a brillar cuando el sol los aguijoneaba con sus rayos. Montamos sobre la “gazelle” y sobre la “gitane” y no sé de qué manera volteamos el mapa de Naturno que pasamos frente a St. Zeno, divisamos el castillo Hochnaturns, una propiedad privada que no se visita, y descubrimos la iglesia de San Procolo, edificio del carolingio románico, construido sobre las ruinas de una casa de principios del medioevo.
El GPS nos sugirió acercarnos a la estación de trenes de Naturno, la Via San Procolo, como la más simple para salir de la trama urbana y bordear el río por la senda norte que allí está señalada como Via Flora Gustav. El Adige corría impetuoso compitiendo con nuestro correr por la ruta que lo bordea. Balada matinal que se confundía con un paseo a la espiritualidad, acompañados por la transparencia verdegris del Adige, a un lado, y del otro, chopos y abetos vestidos con el verde de un casi final de verano. ©VCAweg2012

jeudi 13 septembre 2012

Naturns / Naturno



Stava estaba durmiendo ese final de tarde septembrina cuando nos detuvimos frente a su iglesia Notre Dame, levantada a orillas del Adige. La iglesia dedicada a María, es de líneas austeras, con una nave principal cubierta de tejas, adosada de un sencillo campanario. Marcaba el reloj las seis y ocho minutos. El sol, aunque alto, iba languideciendo. Ante la imposibilidad de alojarnos en Stava, decidimos pedalear hasta Naturno. Saliendo de Stava, en un flanco del monte, a 1000 m de altura, se cuelga el castillo Juval. Naturno, que yo por el cansancio mal llamaba Saturno, -quizás porque Naturno me parecía lejano como el planeta-,  y cuyo blasón presenta un triángulo amarillo oro sobre fondo azul, es largamente germanófona, y nos dimos cuenta de inmediato cuando encontramos una pensión modesta con vocación a alojar jóvenes  y estudiantes. El hecho de no ser, ni jóvenes ni estudiantes, y creo que sí aguerridos bicicleteros, no impidió que nos recibieran gentilmente, explicando las reglas en la lengua de Goethe. Las bicicletas quedaron aparcadas en el patio, subimos las alforjas al último piso de la pensión y organizamos la estrategia de sobrevivencia: ducha reposante, cena reconfortante y despegue nocturno para descansar en el planeta lejano. ©VCAweg2012

Latsch / Laces, Kastelbell / Castelbello


La tarde pasaba veloz y el pedaleo comenzaba a fatigar. De Morter a Laces, la ruta siguiendo la Vía Plafat era una cuesta que quisimos evitar, y por ello fuimos a Coldrano para luego seguir a Laces. Dar pedal en tierra desconocida también requiere reflexión y armarse de coraje. En el tramo, y a nuestra izquierda, Il Marzolo, alto de 2930 metros, se convierte en una pared boscosa y árida, donde la roca emerge naturalmente. En un flanco a 1740 m se deja ver San Martino al Monte, un pueblito de montaña, que visto el paraje, ya puede uno imaginarse la dosis de espiritualidad que emana del lugar. Laces presume de su posición en el valle y de estar atravesada por el Adige. Un pueblo estrecho amparado por la cadena montañosa, con un blasón interesante: una rama verde en diagonal con tres rosas rojas. Pueblo de tránsito y viajeros en dirección a Austria, Laces fue notable y desde el siglo XIII su importancia fue considerable, tiene varias iglesias, el castillo de Monte Sant’Anna y su arquitectura civil sorprende por su Villa Mühlrain, construida en el siglo XVI, con fachadas de estilo barroco. 
Castelbello se anuncia cuatro kilómetros después de Laces. Imponente su castillo, Castelbello, evidentemente. El pueblo está unido a Ciardes, y entre ambos, Colsano. Trío de pueblitos agrícolas, cuya cercanía a Merano, los hace pueblos vivos, por el nexo ferroviario. Entre Colsano y Ciardes, las pilas de cajas para manzanas hacían pensar a rascacielos plásticos en medio de la ruralidad del valle. Río Adige y línea ferroviaria, carrera de aguas y de trenes. Pasamos de largo por Sand, justo cuando se detenía el tren regional. Pero eso sería traicionar el espíritu del camino. Vimos alejarse el tren. Nos alejamos de Sand. Las bicicletas comenzaban a fatigarse, y la “Gazelle” y la “Gitane”, en un rodar por caminos equivocados, se extraviaron, y no fue hasta llegar a Stava que volvieron a rodar juntas en busca de alojo. El alojarse se pintaba feo y luego de pedalear casi 70 kms, las piernas nos pedían descanso. ©VCAweg2012